Jorge MoralesSanta Cruz de Tenerife, 24 sep (EFE).
– Una tesis doctoral firmada por el musicólogo Alberto Caparrós Álvarez viene a desmontar la idea generalizada de que la España de la posguerra fue una etapa de la historia cultural y musical «gris y aburrida», sino que al contrario fue «fascinante» pese a la censura y el aislamiento.
Un periodo en el que el país vivió «una eclosión enorme» de nuevos formatos musicales con un denominador común: casi siempre se cantaba al amor y al desamor.
«Eso sí, no vas a encontrar un besito en las letras», advierte Caparrós.
En una entrevista con EFE, este musicólogo malagueño, que recientemente defendió su tesis en la Universidad de La Laguna, explica que el periodo que analizó, de 1945 a 1956, «fue un decenio de reconfiguración social, de un viraje diplomático que llevó a España de la autarquía al aperturismo, y esto tuvo un claro correlato en la vida musical del país».
Concede que en el ámbito de la música académica, «la que solemos conocer como clásica, pasó más bien poco y de poco interés: intentos de resucitar la zarzuela, orquestas peleándose por financiación, restricciones al intercambio musical con otros países hasta los años cincuenta».
En cambio, en las músicas populares «se produjo una eclosión enorme» de nuevos formatos musicales, casi siempre con protagonismo femenino.
Destaca a Conchita Piquer, quien trajo de Nueva York una forma nueva de entender el musical, al que la artista dio «un sabor españolizante».
Se trata de los espectáculos folclóricos que catapultarían a artistas como Lola Flores y Juanita Reina.
En el ámbito de la revista, la artista argentina Celia Gámez renovó el género creando un formato mixto entre musical y ‘music-hall’, «con muchas piernas femeninas y poca trama argumental».
Aunque ya no eran «picantonas» debido a las restricciones de la censura, «hubo muchos estrenos interesantes», analiza el musicólogo.
«Por no hablar -añade- de las salas de discotecas españolas, de las que urge hacer una buena tesis doctoral porque encierran un verdadero tesoro musical y ahí tenemos miles de canciones que son desconocidas en la actualidad».
Ni besos, ni política ni «inmoralidades»¿Hasta dónde llegaba la influencia del régimen en las piezas musicales? En el mundo de la música académica, el régimen se dedicó a promover a una serie de figuras intelectuales que tuvieron amplio poder de gestión en las políticas culturales de la época como Joaquín Rodrigo, Nemesio Otaño o Federico Sopeña.
«El verdadero poder del régimen era la censura: cualquier letra publicada en España debía tener aprobación del correspondiente censor, quien, por cierto, no tenía un guion para saber qué debía censurar y qué no», resalta.
Los letristas directamente evitaban escribir sobre temas «sensibles» como forma de autoprotección, aunque tenían claras cuáles eran las líneas rojas: ni besos ni referencias a la política izquierdista, al pecado carnal, a la inmoralidad religiosa o a la heterodoxia familiar.
En las músicas populares hubo «casos interesantes», como «la milagrosa» grabación del chotis ‘Ya hemos pasao’ justo al terminar la guerra.
Otro caso especial fue el del «odio inicial» del régimen por el jazz, al que trataban de «torpedear con frecuencia».
Aun con todo, «honestamente, considero mucho más efectiva la censura social y la censura del algoritmo en la que vivimos inmersos hoy en día sin darnos ni cuenta», apunta Alberto Caparrós.
Esgrime que en los cincuenta se podía escribir una letra «graciosilla» sobre el acoso sexual en las oficinas españolas, como el número ‘Secretaria bonita’ de la revista ‘Ana María’, en la que el jefe dice: “déjame que te diga que estarías mejor si supieras guardar, secretaria bonita, un secreto de amor”.
La «gran creación» del régimen: Los Coros y DanzasAlberto Caparrós sostiene que «la gran creación artística y cultural» del régimen franquista fueron los Coros y Danzas de la Sección Femenina de la Falange, bajo la dirección de Pilar Primo de Rivera.
Subraya que Coros y Danzas no solo se dedicó a la recolección de cantes y bailes populares, «inventados en gran medida», sino que nutrió con espectáculos muy populares a toda España, además de ser «el epicentro del lesbianismo español de la época con la propia Pilar a la cabeza, algo de lo que no tengo pruebas, pero tampoco dudas».
De puertas afuera, el panorama fue más complicado.
Después de terminar la Guerra Civil empezó la Segunda Guerra Mundial, y, en 1945, la etapa de condena internacional y aislamiento diplomático de la España de Franco.
Los cuarenta fueron años de aislamiento, agrega, y era difícil acceder a las novedades musicales del extranjero, especialmente en el ámbito de la música académica, que estaba más relacionada con el mundo de la política.
En las músicas populares, las principales novedades llegaban a través del cine, que se traducían al español «y, de paso, se censuraban».
A partir los cincuenta la cosa cambió.
Empezaron a soplar vientos favorables para el franquismo, se reabrieron las fronteras y se desarrolló la tecnología del disco de larga duración o LP.
El autor de la tesis recalca que, por ejemplo, la fundación de bases militares estadounidenses alteró el consumo de músicas de radio, básicamente porque se convirtieron en una puerta de entrada de nuevos discos.
Las coplas, los grandes éxitos de la épocaHubo varios géneros que dieron lugar a ‘hits’ como el pasodoble de zarzuela Suspiros de España, los boleros de Jorge Sepúlveda o las Violetas imperiales de Luis Mariano.
Sin embargo, los grandes éxitos de la época fueron las coplas.
Aunque durante un tiempo estuvieron muy mal consideradas por ser un subproducto cultural del régimen, «una españolada de la posguerra», tuvieron una gran importancia en su época.
Autoras como Stephanie Sieburth han llegado a definirlas como “analgésico social” en tiempos de penurias, sobre todo para las mujeres.
Entre la más populares, Alberto Caparrós destaca ‘Ojos verdes’, con su polémica sobre la mancebía, ‘Y sin embargo te quiero’ y ‘La bien pagá’.
Canciones cuya temática era eminentemente sentimental o ligera, como el caso de ‘Tardes de fútbol’,de Rica Celi.
«En el franquismo el individuo tenía una vida marcada por la sociedad: casarse, tener un trabajo, una casa y salir al parque los domingos.
No había espacio para una Rozalén o una Rigoberta Bandini en esos años», analiza el experto.
Así que la música trataba de lo que había: «mal de amores, amores imposibles, lo mucho que te amo.
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y algún que otro chascarrillo musical, como las coplillas de Lola Flores».
Desde mediados de los cincuenta, las nuevas corrientes que empezaron a llegar del extranjero dieron pie a un cambio de mentalidad, que crearía un terreno fértil para la aparición del movimiento yeyé, ya en los años sesenta.
EFEjmor/cmgImágenes de archivo disponibles en lafototeca.
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