Puerto de la Cruz (Tenerife), 24 jun (EFE).
– La sumiller argentina y directora ejecutiva de bebidas del Groupe Pic, Paz Levinson, vive y trabaja desde hace más de una década en Francia, uno de los mercados más desafiantes para el vino internacional, pero no tiene dudas al hablar del cosechado en Canarias: “abre las puertas de muchos restaurantes y lugares de venta donde si no, España no estaría presente”.
Levinson se encuentra en Tenerife para participar en el Island Wines Summit, el primer encuentro internacional sobre vinos insulares.
La sumiller ha explicado durante una entrevista con EFE que nunca había visitado las islas antes, pero que en las cartas de los restaurantes con los que trabaja siempre incluye vinos canarios, a pesar de que tienen una producción “relativamente pequeña”, que abarca un 0.
37% del total del vino producido en España en un año.
“Nosotros tenemos restaurantes muy específicos con clientes que buscan un vino con los perfiles de los vinos de Canarias.
Como finos, con esas variedades distintas que no son tan tánicas, que son bastante delicadas.
Entonces creo que este factor abre las puertas de muchos restaurantes y de muchos lugares en el mundo, y es otra cara de España que necesitamos ver”, indica Levinson.
Una opinión que pesa sobre la mesa y que viene acompañada de la experiencia de la argentina, quien trabaja codo con codo con la cocinera francesa Anne Sophie-Pic, toda una eminencia gastronómica con tres estrellas Michelín.
Para ella, el vino producido en islas tiene una parte emotiva, donde triunfa la simbología asociada a “soñar con lugares hermosos” y la idea del viaje, pero también, en la parte gustativa, donde predomina una personalidad única marcada por “el tipo de suelo”, la “ausencia de olores a frutas directas” o la “proximidad con el mar”, que le da un toque de “salinidad”.
“También tienen mucha personalidad.
Todos los vinos de islas encarnan unas maneras propias.
Tienen un “terroir” que comunica algo muy especial.
A pesar de que a la gente le pueda costar, en la duda entre isla o continente, los vinos insulares se imponen”, dice la sumiller.
Dentro de ese concepto, “terroir”, se esconde todo lo que engloba las particularidades de un vino producido en una zona determinada, que más allá de las propiedades físicas del entorno como el clima, la luz y todos los factores naturales, engloba también el lado humano de quiénes trabajan la vid, cómo lo hacen y qué historia tienen a sus espaldas.
En ese sentido, continúa, el trabajo que realizan los sumilleres es el de “formar opinión” y “educar”, lo que le otorga “mucha responsabilidad social” a la hora de elegir con qué productos trabajar y a qué productores van a “defender”, porque no todo es “el volumen, el precio y las rebajas”.
“Hay que valorizar el trabajo que hay detrás de una botella.
Es muy importante, porque justamente hoy en día estamos viviendo un momento de mucho cambio, de mucha transición.
El vino es cultura, es historia y tiene ese momento de placer en la mesa y nosotros tenemos que comunicar todo eso”, detalla.
Porque, prosigue, el vino “no es solo lujo” y comprar “las botellas más caras”, es también vender “en todos los rangos de precios” y apoyar a la gente que está “totalmente implicada» y que “va a cambiar sociedades”.
“Hay pueblos que, como vemos en Canarias también, si no hubiera habido los productores que tienen hoy, las viñas se hubieran abandonado, las viñas se hubieran cambiado, se hubieran modernizado, y todo ese patrimonio cultural se hubiera perdido (…) Por eso que es tan importante visitar, ver con ojos propios y entender la realidad de cada lugar para saber bien dónde podemos ayudar”, indica Levinson.
Dentro de los compromisos éticos que la argentina vincula a su trabajo de sumiller, se encuentra también el techo de cristal al que se ha enfrentado a lo largo de su carrera, que comenzó trabajando en el servicio de un restaurante, donde admite que aprendió muchas cosas, pese a que estudió Literatura, de donde viene su pasión por “estudiar, comunicar y educar”.
En Argentina, explica, aunque siempre se dice que es un “país machista”, hay muchas mujeres trabajando en el mundo del vino, pero cuando llegó a Francia se encontró un “mundo mucho más masculino”, algo común en numerosos países, donde ha participado en eventos donde era la única mujer entre un grupo de 40 hombres.
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