Belén RodríguezSanta Cruz de Tenerife, 30 may (EFE).
– La exposición de los niños a una edad temprana a las pantallas, como teléfonos, tabletas, ordenadores y televisores, puede tener efectos significativos en el desarrollo del lenguaje, especialmente cuando se da en exceso y sin supervisión adecuada, según ha advertido este viernes la logopeda Aissa MéndezEn una entrevista con EFE, esta especialista, miembro de la junta directiva del Colegio de Logopedas de Canarias, detalla que uno de esos efectos es la reducción de la interacción social, pues los niños que pasan mucho tiempo frente a pantallas «pierden oportunidades valiosas para comunicarse con adultos o iguales».
La adquisición del lenguaje requiere de una interacción activa, como escuchar, responder, preguntar y recibir retroalimentación y, cuando estas experiencias son sustituidas por contenido audiovisual, se limita el desarrollo tanto del lenguaje receptivo como expresivo, señala.
Además, continúa, muchas de las pantallas ofrecen un estímulo pasivo y su contenido es frecuentemente unidireccional, lo que significa que el niño se convierte en mero receptor, sin participar activamente en la conversación.
Esta pasividad no estimula la producción oral ni fomenta habilidades fundamentales como la elaboración de frases, el uso de gestos comunicativos o la toma de turnos en el diálogo, agrega.
Otro aspecto crítico es el desplazamiento de actividades enriquecedoras, ya que el tiempo frente a una pantalla suele reemplazar momentos de juego simbólico, lectura compartida o juego libre, actividades esenciales para el desarrollo cognitivo y lingüístico.
Asimismo, la logopeda comenta que estas experiencias ofrecen una exposición a vocabulario variado, estructuras gramaticales complejas y normas sociales del lenguaje que no suelen estar presentes en el contenido digital.
Posibles efectos adversos de las pantallasSegún indica esta sanitaria, los efectos pueden observarse en áreas específicas del lenguaje.
A nivel fonológico, puede haber retrasos en la adquisición de los sonidos del habla; mientras que en semántica, los niños pueden mostrar un vocabulario limitado y dificultades para incorporar nuevas palabras.
En sintaxis, ha añadido, es común encontrar oraciones simples y errores gramaticales; y en pragmática, los niños pueden tener problemas para iniciar, mantener o finalizar una conversación.
Finalmente, en la comprensión, pueden presentar dificultades para seguir instrucciones o comprender historias.
A pesar de estos riesgos, no todo uso de pantallas es perjudicial, matiza.
Pueden usarse adecuadamenteCuando las pantallas se emplean adecuadamente con contenidos educativos, adaptados a la edad y con la participación activa de un adulto pueden ser herramientas útiles, defiende.
Por ejemplo, aplicaciones interactivas, vídeos educativos o juegos lingüísticos pueden complementar el desarrollo del lenguaje si se utilizan con criterio.
Si bien es cierto que la exposición prolongada y sin supervisión a dispositivos electrónicos puede generar efectos adversos en el desarrollo del lenguaje, también señala que es importante reconocer que el uso adecuado y acompañado de las pantallas puede aportar beneficios significativos, tanto en la población infantil general como en poblaciones específicas como niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Para esta logopeda, el valor pedagógico de las pantallas no reside únicamente en el dispositivo, sino en el modo en que se utilizan.
La participación activa de un adulto que acompañe, dialogue y contextualice lo que el niño está viendo o haciendo, así como la selección cuidadosa de los contenidos, son factores determinantes para que el uso de la tecnología tenga un impacto positivo en el desarrollo del lenguaje.
«Las pantallas deben considerarse como un recurso complementario, nunca sustitutivo, de las interacciones humanas reales, del juego simbólico y de las experiencias compartidas que forman la base del aprendizaje lingüístico», asevera.
En definitiva, desde la logopedia se recomienda priorizar las interacciones cara a cara, como las conversaciones cotidianas, el juego simbólico y la lectura compartida.
En caso de usar pantallas insisten en que es fundamental elegir contenidos de calidad, fomentar la participación del niño comentando y preguntando sobre lo que ve en pantalla, y establecer límites claros sobre el tiempo y lugar para el uso de dispositivos.
«Las pantallas no son intrínsecamente negativas, pero su impacto depende del cómo, cuánto y con quién se usan», afirma la logopeda, para quien el equilibrio entre la tecnología y las experiencias comunicativas reales es clave para un desarrollo lingüístico saludable.
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