Las Palmas de Gran Canaria, 20 oct (EFE).
– Un estudio de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) plantea la necesidad de reevaluar y reenfocar el papel de las especies invasoras en la conservación del ecosistema, de tal manera que se concluya, caso por caso, si es posible restaurarlo a su estado inicial en un contexto de cambio climático como el actual.
Este estudio, firmado por los investigadores Juan Olvido Perea, adscrito al Instituto de Investigaciones Biomédicas y Sanitarias, y Emilio Medina, del Instituto de Oceanografía y Cambio Global, se centra en las tuneras y propone una clasificación más específica de cada una de ellas en función de su potencial invasivo.
Así, se propone una evaluación del impacto ecológico real de cada población de tuneras, su valor cultural o productivo presente y la relación de estas variables con las características del entorno en el que se encuentran, recoge la ULPGC en un comunicado.
Y de igual forma, el estudio, publicado en la revista Discover Ecology, plantea poner esta información en el contexto del cambio climático, que está provocando alteraciones de los ecosistemas a una gran velocidad, y que, en muchos casos, impiden una recuperación total del estado anterior de los mismos.
Y es que, tradicionalmente, las políticas con respecto a las especies invasoras han tendido a la restauración del estado en que se encontraba un determinado entorno antes de la aparición de las especies invasoras (aquellos organismos que se desarrollan y extienden fuera de su hábitat original), pero en muchos casos esto ya no va a ser posible, debido al calentamiento, las mayores temperaturas y el estrés hídrico, factores que favorecen la aridificación y desertización.
Algunos territorios, como Canarias o Andalucía, en los que se centró este estudio, pueden dejar de sostener las comunidades vegetales asociadas a sus paisajes históricos, explica la ULPGC en su nota.
Por todo ello, los investigadores entienden que conservar no puede ser únicamente intentar reconstruir el pasado, sino también decidir qué ecosistemas serán viables en el futuro bajo las condiciones climáticas que se están gestando.
Como ejemplo de este análisis, los autores colocan bajo el foco el caso específico de las tuneras o chumberas, los cactus del género ‘Opuntia’, una especie invasora que ha tenido en Canarias y Andalucía un importante papel como recurso económico con la cría de la cochinilla en las islas, un colorante que sostuvo una industria muy próspera, o como forraje o alimento en el sur de España.
Las plantas de este género son capaces de producir frutos o biomasa, entre otros, con una alta eficiencia hídrica, por lo que los investigadores defienden en este estudio una gestión adaptada a cada situación.
Así, se propone, en función de ello, ejercer un mayor control o erradicación, y restauración, cuando exista un daño ecológico demostrado, o bien evaluar su posible valor ecológico, cultural o productivo cuando el riesgo sea reducido o manejable.
Según señala Perea, «hay que moverse más allá de etiquetas simples como ‘invasora’; planteamos evaluar qué población, de qué taxón, está produciendo qué efectos y en qué contexto».
En ese punto añade que «la eliminación puede estar plenamente justificada en hábitats sensibles pero, en otros, conservar estas especies invasoras puede contribuir a mantener funciones ecológicas de las que también dependen especies autóctonas».
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