Cristina MagdalenoArona (Tenerife), 22 oct (EFE).
– La geocientífica y astronauta estadounidense Sian Proctor ya ha comido pizza en el espacio y ahora tiene la aspiración de comerla en la Luna.
Y detrás de esa imagen casi doméstica de un futuro extraterrestre con bases lunares e incluso, avanza, gastronomía y cultura propia en el satélite terrestre, Proctor advierte de que la carrera espacial para que la raza humana se establezca fuera de órbita puede servir para gestionar mejor los recursos escasos del planeta.
“Cuando resolvemos problemas para el espacio, estamos resolviendo problemas para la Tierra.
Para sobrevivir en la Luna o en Marte tenemos que ser eficientes con los alimentos, el agua, la energía, la gestión de los recursos y la de los residuos» resume Proctor en una entrevista con EFE durante el festival Starmus, en Tenerife.
Añade que esos son, precisamente, los cinco grandes ámbitos en los que tenemos más problemas y desafíos en la Tierra.
Para Proctor, que estuvo en el espacio tres días a bordo de Inspiration4, la primera misión orbital integrada únicamente por civiles y donde hizo historia como primera mujer afroamericana en pilotar una nave espacial y la primera mujer piloto de una nave comercial, toda la tecnología y eficiencia que se desarrolle para vivir allí debería servir también que el planeta sea más sostenible.
«No hay un planeta mejor que la Tierra”, ha afirmado.
Por eso, llegar a Marte forma parte, a su juicio, del futuro de la humanidad, pero no cree que deba producirse a cualquier precio ni con prisas.
Antes, agrega, habrá que regresar a la Luna, construir infraestructuras y aprender a vivir, trabajar e incluso disfrutar en un entorno extremadamente hostil.
Confiar en robotsMientras los humanos adquieren allí esa experiencia, propone que sistemas robóticos cada vez más avanzados vayan preparando Marte para una futura llegada humana.
La Luna se convierte así en algo más que un destino, esto es, en un laboratorio para aprender a hacer mejor aquello que en la Tierra no siempre se ha hecho bien.
Proctor insiste en que la exploración espacial no debe ser una vía de escape ante los problemas ambientales terrestres sino una oportunidad para aprender de los errores.
En este sentido, las tecnologías desarrolladas para cerrar ciclos de agua, producir alimentos con recursos mínimos, reutilizar materiales o reducir residuos deberían servir al planeta que las hizo necesarias.
La idea de cultura extraterrestreProctor, que además de científica es artista, no quiere imaginar asentamientos lunares o marcianos reducidos a cápsulas de supervivencia habitadas exclusivamente por astronautas e ingenieros e invita a pensar cómo se mezclará ahí arriba lo que la humanidad se lleve consigo, que no es solo tecnología sino también comida, arte, música, costumbres y formas de entender el mundo.
Quizá, plantea, «alguno de los niños que hoy sueña con dedicarse a la cocina termine siendo chef en la Luna o en Marte».
Vuelos comerciales frente a profesionalesLa astronauta, cuya relación con el espacio comenzó a través de su padre, que trabajaba para la NASA en una estación terrestre en Guam durante el programa Apolo, cree en el cometido de ampliar el número y el perfil de quienes participan en la exploración, pues forma parte del cambio que se está produciendo en la exploración espacial.
Así, no ve una competición entre astronautas profesionales y comerciales, sino funciones complementarias dentro de un ecosistema mucho mayor que incluye también a quienes diseñan cohetes, trabajan desde tierra o aportan disciplinas aparentemente alejadas del sector espacial.
Ese es el espacio “justo, equitativo, diverso e inclusivo” que reivindica, dice, y en el que los beneficios de salir al espacio deben repercutir realmente en toda la humanidad en la Tierra, concluye.
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