Una tesis doctoral estudia el reflejo del cambio climático en la literatura inuit

Santa Cruz De Tenerife, 18 dic (EFE).

– Una tesis doctoral de la investigadora Claudia Isabelle Miller, de la Universidad de La Laguna (ULL), ha identificado los efectos del cambio climático en el Ártico en la literatura y cómo contribuye a intensificar los cambios culturales y la identidad de esta comunidad.

La tesis «La escritura de vida inuit en tiempos de cambio climático en el Ártico» aborda los efectos del cambio climático desde la perspectiva de la comunidad inuit a través de tres obras autobiográficas de autoras canadienses que comparten elementos comunes, como las tensiones vinculadas a las relaciones fracturadas con la tierra, la comunidad y la lengua.

Las obras analizadas son ‘The Right to Be Cold’ (2015), en la que Sheila Watt-Cloutier narra su experiencia como defensora de los derechos inuit; la memoria ficticia ‘Split Tooth’ (2018), de Tanya Tagaq, una historia de vida que retrata la violencia colonial, patriarcal y ecológica; y ‘Where the Sea Kuniks the Land’ (2022), de Ashley Qilavaq-Savard, una colección de poesía y fotografía que aborda, entre otros aspectos, el trauma intergeneracional.

Las obras reflejan que el bienestar inuit es inseparable del bienestar de la tierra, y el cambio climático, junto a la persistente violencia colonial, intensifica y multiplica los cambios culturales y de identidad en las comunidades, según identifica la investigadora, ha informado la ULL.

«Hablan del Ártico como si fuera su brazo, su corazón, su cabeza… y utilizan todos los sentidos para transmitir al lector esta sensación de cambio y pérdida en su texto», apunta.

Una de las conclusiones es la necesidad de abordar cuestiones como el cambio climático desde el concepto de interconexión, porque «si el Ártico es el barómetro del mundo, lo que pase allí nos afecta a todos y tiene consecuencias para todos los ecosistemas».

Para Miller, la falta de conciencia sobre la conexión entre lo que ocurre en distintas latitudes está estrechamente vinculada con otros aspectos fundamentales presentes en estas obras, como las secuelas del colonialismo y la persistencia de políticas, infraestructuras y discursos impuestos desde las grandes ciudades a comunidades pequeñas, sin tener en cuenta su cultura, identidad, formas de vida y necesidades.

Al vincular una realidad natural con la historia de vida de estas comunidades, se introduce un elemento de conexión entre el fenómeno y la relación que la persona establece con él, un aspecto que la investigadora relaciona con la teoría de los afectos, expone.

En el ámbito del análisis literario, esta teoría estudia cómo los textos movilizan emociones, sensaciones corporales y estados afectivos que influyen en la forma en que las lectoras y los lectores comprenden y experimentan una historia.

La literatura genera vínculos emocionales que permiten percibir de manera más profunda fenómenos sociales, culturales o ecológicos, indica la investiadora.

«Si nos limitamos a comunicar acerca del cambio climático con cifras y datos, información desprovista de afectos y del valor humano, se produce una apatía ante la cantidad de información, que acaba resultando en fatiga y desinterés», apunta.

La ya doctora identifica la apatía que provoca en la población joven un discurso centrado únicamente en datos y en un flujo constante de malas noticias, a pesar de su notable interés en la cuestión.

Una de sus conclusiones es que las humanidades son esenciales para abordar cuestiones tan complejas como el cambio climático.

«Sin una respuesta afectiva y emocional, y sin pensamiento crítico, los datos científicos se acumulan y pasan de largo sin generar interés en la población», plantea la investigadora.

EFEacp/brr