Santa Cruz de Tenerife, 4 nov (EFE).
– El municipio de La Orotava celebrará un acto cívico este sábado, día en el que se cumple el 200 aniversario del aluvión que causó unos 300 fallecidos, que incluirá la lectura de los nombres de las víctimas y el descubrimiento de la escultura «Memoria del Agua», de Isidro Portocarrero.
La Asociación por la Memoria del Aluvión de 1826 (AMA) celebrará el 7 de noviembre el acto cívico de homenaje a las víctimas del aluvión de 1826, en el día exacto en que se cumple el bicentenario de la tormenta de San Florencio, el temporal que en la noche del 7 al 8 de noviembre de 1826 dejó más de 300 fallecidos en el archipiélago y golpeó con especial dureza al Valle de La Orotava.
Según ha informado este miércoles el Ayuntamiento de La Orotava en un comunicado, en este acto se descubrirá la escultura conmemorativa «Memoria del Agua», obra del artista Isidro Portocarrero patrocinada por el Cabildo de Tenerife, que quedará instalada de forma permanente en el jardín trasero del consistorio como recuerdo público de las víctimas.
La obra, de unos tres metros de altura, representa una gran figura humana fusionada con el Teide y Las Cañadas, alegoría de las víctimas y de los supervivientes, y quedará abierta a la visita pública de forma permanente.
Asimismo, durante el acto se proyectará la pieza audiovisual «El Aluvión de 1826», basada en el documental del mismo título, que recrea las horas del temporal y sus consecuencias.
Además, dos representantes de la asociación leerán, de forma alterna y agrupados por pagos, los nombres de las víctimas, acompañados en directo por el cuarteto de cuerda Ikaro Quartet.
La lectura dará paso a un minuto de silencio en recuerdo de todas las personas que perdieron la vida aquella noche.
La mañana del martes 7 de noviembre de 1826 amaneció oscura, con un fuerte viento del sudeste y a las nueve comenzó a llover en La Orotava, con más violencia en las cumbres, ha detallado el Ayuntamiento en su nota.
Al anochecer arreció un huracán que no dio tregua y, a las dos de la madrugada del día 8, el viento giró de pronto al norte, redoblando su fuerza mientras la lluvia caía con una intensidad desconocida.
La calma no regresó hasta el día 9.
Investigaciones recientes han identificado el episodio como un ciclón tropical, comparable en estructura a la tormenta Delta de 2005 y algunas vertientes pudieron recibir más de 500 litros por metro cuadrado en dos días.
Sin previsión meteorológica, sin alertas y sin coordinación posible, la población vivió la tormenta a oscuras, escuchando un rugido constante al que nadie sabía poner nombre.
El balance fue devastador: más de 300 fallecidos, cerca de 600 casas destruidas, más de mil cabezas de ganado perdidas y barrancos enteros transformados para siempre.
Una crónica coetánea llegó a afirmar que «tal fue la magnitud de sus estragos que se reputa por el mayor de los ocurridos después de la Conquista».
Ninguna comarca sufrió tanto como el Valle de La Orotava pues, de acuerdo a un informe oficial levantado tras la riada en las cuatro jurisdicciones del valle, se contabilizaron 225 casas destruidas, 220 vidas humanas perdidas y 804 cabezas de ganado desaparecidas.
Aparecieron, además, doce barrancos nuevos donde antes no los había.
Solo en la Villa de La Orotava murieron 118 personas, Puerto de la Cruz perdió 32 vecinos y vio sepultado su fondeadero principal; Los Realejos sumó 39 víctimas.
Fincas enteras, viñedos y bodegas repletas de vino nuevo desaparecieron en una sola noche y la economía del valle, sostenida sobre el comercio vinatero atlántico, tardó décadas en recuperarse.
El temporal castigó también a otros puntos de Tenerife, como La Guancha, San Juan de la Rambla, Güímar o Candelaria, donde la riada arrasó el Castillo de San Pedro y arrastró al mar la talla original de la Virgen de Candelaria, que nunca volvió a aparecer.
Para la AMA, recordar el aluvión de 1826 no es solo un ejercicio de memoria, ya que la catástrofe reveló de golpe la fragilidad de un territorio deforestado, con viviendas pegadas a los cauces y desembocaduras de los barrancos.
Dos siglos después, en un Atlántico cada vez más cálido y con modelos que prevén lluvias más intensas y concentradas, esa lección sobre la ocupación del territorio y la exposición al riesgo mantiene toda su vigencia, señala el Ayuntamiento de La Orotava.
Precisa también el consistorio tinerfeño que memoria y dignidad para las víctimas, junto a resiliencia, ciencia y prevención, son los dos ejes del mensaje del acto.
EFEasd/jmor
