ALMERÍA 5 Oct. (EUROPA PRESS) –
La Audiencia Provincial de Almería ha condenado a siete años y medio de prisión a un tutor de prácticas de un alumno de informática del que abusó sexualmente en dos ocasiones aprovechándose de su posición de jefe, ya que de él dependía que la víctima aprobara o no las prácticas para poder obtener su titulación.
El fallo, consultado por Europa Press y contra el que cabe recurso de apelación, impone también al acusado 15 años de alejamiento e incomunicación con la víctima, a la que deberá abonar 9.000 euros de indemnización en concepto de responsabilidad civil y daños morales.
El tribunal de la Sección Tercera destaca que en ambas situaciones, la víctima vio constreñida su libertad sexual ante los requerimientos de su superior, quien era la persona responsable de sus calificaciones en las prácticas que estaba realizando y que necesitaba para aprobar y poder acceder al mundo laboral.
El acusado, como miembro de una empresa de informática y al que la Fiscalía y la acusación particular pedían 14 años de cárcel, asumió desde marzo de 2022 las funciones de tutor de prácticas de un alumno que cursaba sus estudios un ciclo formativo de un instituto de la capital.
Así, señala cómo el 19 de abril de ese mismo año, tras quedarse a solas con el estudiante mientras que estaba en la sala de servidores de una escuela de música, cerró la puerta con llave y le dijo que le iba a poner a prueba, para lo que le dio a entender que si quería aprobar tendría que acceder a sus pretensiones sexuales.
Además, le trasladó que si accedía a sus deseos obtendría determinados privilegios durante el desarrollo de las prácticas para, acto seguido, aproximarse a él con ánimo lascivo. De este modo, vulneró la libertad sexual de su alumno, quien no tuvo capacidad de reacción y se sintió gravemente presionado.
La sentencia apunta que el tutor aprovechó que ambos estaban a solas para actuar con claro ánimo de dar satisfacción a sus deseos libidinosos al tiempo que hizo valer su condición y posición privilegiada de tutor, aunque descarta el uso de violencia para ello.
SIN UN CONTEXTO INTIMIDATORIO
La situación se reprodujo al día siguiente cuando ambos estaban en casa del acusado, quien volvió a aprovecharse sexualmente de su alumno tras insistirle para mantener relaciones.
El tribunal aprecia en este segundo caso una falta de consentimiento, ya que en esta ocasión la víctima se negó repetidamente a tener relaciones, si bien descarta que se diera un contexto intimidatorio. El afectado ha precisado tratamiento psicológico y psiquiátrico a raíz de estos hechos.
Durante el juicio, el acusado reconoció las relaciones sexuales mantenidas con la víctima en dos ocasiones, aunque limitó el tipo de prácticas realizadas así como que las mismas se realizaran bajo coacciones. Según el acusado, hubo un coqueteo previo con el alumno, al que el día antes del primer encuentro le mandó una foto de su pene por WhatsApp.
Frente a esta versión, el tribunal tuvo en cuenta la declaración del perjudicado, que en todas sus comparecencias desde la denuncia hasta el juicio mantuvo que las relaciones nunca fueron consentidas, sino que se vio intimidado y coaccionado por su tutor, ya que era su superior y responsable de sus prácticas, de modo que cedió a sus deseos por miedo o temor.
Así, el alumno aseguró que tras la primera agresión sexual se quedó en shock y sin saber reaccionar, mientras que en el segundo mostró su oposición, pese a lo cual se vio presionado ante las alusiones del acusado, de quien dependía para aprobar sus prácticas.
La declaración de la víctima se vio apoyada por la directora del centro educativo, quien aseguró que el chico abandonó las prácticas alegando que había pasado algo grave, aunque no supo lo que había ocurrido hasta que contactó con su madre. Ninguna razón existiría para que el perjudicado abandonase esas practicas, si como sostiene la defensa, la relación sexual era consentida, expone el tribunal.
Del mismo modo, un amigo de la víctima también narró cómo este le comentó los problemas que tenía en su lugar de prácticas con su jefe, quien le estaba coaccionado para mantener relaciones sexuales con él, toda vez que la exploración psicológica realizada al perjudicado evidenció que ni simulaba ni exageraba los hechos, ya que padecía un trastorno de estrés postraumático compatible con una agresión sexual.

